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Intervención de Dolores Padierna en el Consejo Nacional del PRD del 27 de julio 2012

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                              • Compañeras y Compañeros:
                                Este  Consejo Nacional tiene lugar cuando el país está inmerso en una problemática postelectoral sumamente delicada y compleja.
                                El país espera mucho de nosotros. Millones de ciudadanos (as) depositaron su confianza en la izquierda y espera que seamos aptos para conducir el cambio verdadero en el país.

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Hemos venido construyendo a lo largo de varias décadas una nueva mayoría que pueda transformar las relaciones económicas, políticas y sociales de México y una vinculación soberana con el extranjero.

A pesar que hay un cambio en la correlación de fuerzas que ahora nos coloca como la segunda fuerza política nacional, no podemos cantar el triunfo de las fuerzas progresistas en la República porque la nación está enferma del mal congénito del fraude electoral que cada elección cobra nuevas formas, un sistema político de corrupción instaurado por el piísmo que se aferra a estar de vuelta a toda costa, sin importarle las consecuencias de una fractura social sin reversa.

Esta vez el fraude se vistió con la compra de millones de votos con recursos del lavado de dinero.  El ilegal y excesivo gasto de campaña que rebasó en más de 350 millones de dólares el tope permitido por la ley. La anulación ilegal de millones de votos a la izquierda. La coacción a los votantes. La vasta operación de triangulación de recursos de procedencia ilícita a través de empresas fantasma, con accionistas prestanombres y el Banco Monex propiedad de Héctor Dondé, para distribuir recursos ilegales a la campaña del PRI mediante monederos electrónicos y los millones de tarjetas Soriana entregadas a personas de escasos recursos, con la finalidad de comprar sus sufragios.

El trato inequitativo de los medios de comunicación. La imagen falsa construida desde el 2005 por la televisora más poderosa a favor de Peña Nieto y la denostación y cerco mediático al candidato de las izquierdas, a nuestro compañero Andrés Manuel López Obrador.

México viene de una historia de fraudes electorales. El PRI se mantuvo en el poder a lo largo de décadas por procesos plebiscitarios llenos de vicios y violaciones a la Constitución y la ley. Después de cada fraude viene una reforma electoral que ha creado un complejo sistema, a tal grado que el día de hoy nadie puede declarar que haya ganador o perdedor. Logramos el recuento de votos y los resultados fueron alterados también en decenas de distritos. Y al día de hoy, no concluye el periodo de la calificación.

Hacemos un llamado a la SHCP y a la CNBV a dar toda la información del origen de estos miles de millones de pesos usados en la campaña priísta, al igual que exhortamos al Tribunal Electoral a que invalide la elección presidencial y pueda serenarse al país en elecciones extraordinarias.

Ahora, el PRD y sus Grupos Parlamentarios deben encabezar la lucha por invalidar la elección presidencial; no podemos dejar que se siente el precedente de que la Presidencia de México la compren los que tiene dinero a raudales, cual si la Presidencia de la República estuviera en venta.

Permitirlo tendría efectos perniciosos de que los grupos facticos, fuera de la Constitución y la ley asaltaran el poder y la izquierda organizada no pueda acceder al mismo.

La izquierda en la Presidencia de la República es necesaria para un cambio de fondo. Solo nosotros podemos reencauzar a la nación, alcanzar el progreso y el bienestar de la población.

¿Qué hay detrás de la ridícula  defensa que el consejero presidente del IFE hizo de las encuestadoras, particularmente GEA-ISA-Milenio que durante 101 días dio una ventaja enorme a Peña Nieto para al final salir con un “Usted disculpe nos equivocamos”? Ocultar que mediante las encuestas el PRI contrató tiempo en los medios electrónicos de comunicación estando éstos prohibidos en el Cofipe y la Constitución. Eso es lo que Leonardo Valdés oculta en su defensa a ultranza de los métodos del PRI en esta campaña.

La gran conclusión es que no logramos remontar las condiciones de una elección viciada de origen pero también debemos decir que avanzamos de manera importante en posiciones legislativas, que ganamos las emblemáticas gubernaturas de Morelos y Tabasco y mantuvimos con enorme ventaja el gobierno de la Ciudad de México, un oasis de libertades y paz en un país sumergido en la violencia. Ganamos también decenas de alcaldías y distritos locales en el país y la fuerza de López Obrador se incrementó en todo el país.

Andrés Manuel fue propositivo y conciliador, tendió puentes con los empresarios, tuvo un plan específico hacia las clases medias, innovó políticas públicas, tuvo lineamientos para un cambio de fondo.  Ante la cerrazón de los medios, explicó en miles de plazas la forma para sacar al país del atraso. Sensibilizó y convenció a millones de defender ese plan de gobierno en las urnas. Tuvo visión de Estado. Presentó un gabinete de alto perfil. Se trabajó intensamente y sin descanso. Los partidos del Movimiento Progresista fuimos capaces de la unidad, tuvimos proyecto, estrategia y determinación.

Todo ello hizo que millones votaran por nosotros y que la diferencia entre el primero y segundo lugar sea muy pequeña a pesar del fraude ya descrito. La izquierda es ahora depositaria de la confianza de esos millones de ciudadanos y ciudadanas que ahora requieren respuestas, soluciones, compromiso de parte nuestra.

El desafío se abre para las fuerzas progresistas y nos demanda una nueva y distinta conducción del rumbo nacional. No sólo se trata de revertir las reformas neoliberales que han llevado a este país a la parálisis económica, altos niveles de desigualdad social, concentración improductiva de la riqueza, la pérdida del patrimonio nacional, el autoritarismo rampante y la subordinación a intereses ajenos a México. Sino además nos demanda implantar la democracia, pasar a una etapa superior de organización, con estrategia, iniciativa política, madurez, unidad, compromiso ideológico y legalidad interna.

Poner todo nuestro esfuerzo en asegurar la derrota de la derecha y dar viabilidad a un gobierno de izquierda democrática y progresista. Ser una izquierda representativa de las mayores causas y anhelos de la gente.

Si el Tribunal Electoral consuma el fraude y nos imponen a Peña Nieto, corresponde a la izquierda, desde los espacios logrados, empujar y forjar las transformaciones siendo una oposición inteligente, capaz, eficiente, organizada, cohesionada. Debemos diseñar una estrategia para enfrentar el regreso del PRI y evitar que dure en el poder más de un sexenio. Estamos obligados a dejar atrás los paliativos, la superficialidad y entrar a fondo a asumir la responsabilidad histórica que corresponde a la izquierda colocada por primera vez como la segunda fuerza política nacional.

Ubicar las reformas estratégicas que exige el país, como la democratización de los medios de comunicación, la abolición de los monopolios, la demolición de cacicazgos, vencer la política neoliberal, democratizar las instituciones del Estado, poner en ley la Política Social de carácter universal, alcanzar la soberanía alimentaria, darle poder a la sociedad mediante la democracia participativa,  concretar los derechos indígenas. Alcanzar la paz, el progreso, la democracia, las libertades, la justicia.

Impulsar el giro urgente que requiere la Educación para acabar con la deserción, el analfabetismo,  el rezago educativo, ampliar la cobertura educativa, tener acceso universal al internet, abrir bibliotecas digitales, etiquetar presupuestos para abrir nuevas universidades y preparatorias públicas que den acceso a los miles de jóvenes que demandan educación superior, para equipamiento escolar, laboratorios, talleres, útiles escolares, y todo lo que requiere una educación pública y gratuita de calidad.

Especial mención debe merecer la juventud que está jugando un papel trascendental en la vida de México. Ese formidable movimiento que levantó la bandera de una democracia real, que puso en el centro de sus reflexiones impedir que el monopolio mediático impusiera al presidente y exigió el fin de la influencia abusiva y sesgada de los medios masivos de comunicación en las competencias electorales. El movimiento “Yo soy 132” ha sido también una pieza clave en la defensa del sufragio y en que se limpie la elección. Ven que el retorno del PRI es una seria amenaza para su futuro.

Nuestra acción política y legislativa no puede ser ajena a la sociedad. Debe nutrirse de la acción de la gente en las plazas, en las universidades, en los espacios municipales, en todos los sitios de convivencia ciudadana.

Las circunstancias y nuestra convicción nos demandan confiar en la fuerza de la sociedad.

Nuestra lucha política no puede estar ceñida a los pasillos del Congreso o en la burocracia partidaria, ni sea sólo en periodos electorales. Es imperioso que nos asumamos como expresión política y legislativa de las mayorías conscientes y movilizadas del pueblo mexicano puesto que entendemos la democracia como un ejercicio que no se agota en la urna, ni tampoco en los escaños.

Debemos preparar la estrategia que nos permita recuperar los espacios perdidos; no perder el impulso de ahora y  esforzarnos a recuperar la confianza ciudadana para ganar las elecciones del 2013 y fijarnos el objetivo de ser la primera fuerza legislativa en el 2015 en el Congreso de la Unión y en el país.      

Compañeras y compañeros:
Nos asiste la razón histórica y venceremos.
Ojalá que el partido y nuestros grupos parlamentarios emerjan de este Consejo Nacional con fortaleza, unidad, claridad ideológica y política para dar la cara al enorme desafío que este tiempo nos demanda.